En el verano de 1988 y en el transcurso de unas excavaciones
arqueológicas que se venían desarrollando en el sur de la Península
Ibérica, en la Cueva del Boquete de Zafarraya (Alcaucín, Málaga), se
desenterró una mandíbula de neandertal que, por su excepcional estado
de conservación, se ha considerado una de las mejores piezas encontradas
en Europa occidental. Su estudio habrá de enriquecer, sin duda, nuestro
conocimiento de los Neandertales y su desaparición.
Situada en el límite septentrional de la comarca malagueña
de la Axarquía, la Cueva del Boquete de Zafarraya se localiza en el
dominio subbético de las Cordilleras Béticas; en las calizas blancas
pisolíticas de la Unidad de Zafarraya, de edad liásica (Jurásico inferior).
Tanto estas calizas como las dolomías y las calizas dolomitizadas que
conforman la mayor parte de la Sierra de Alhama se encuentran muy tectonizadas,
presentando fuerte buzamiento de sus estratos, a favor de uno de los
cuales se desarrol la dicha cavidad, representando un hábitat excepcional
por la variedad de biotopos que circunscriben dicho lugar.

Las excavaciones, iniciadas en 1981, han permitido obtener
una secuencia estratigráfica ligada a un complejo musteriense. Con los
estudios realizados sobre el material que ha proporcionado el yacimiento,
hemos podido inferir no sólo el tipo de hombre que allí vivió, sino
también el modo de vida que desarrolló durante la ocupación de la cueva.
Los restos humanos localizados en el yacimiento corresponden
a un fémur fragmentario y a una mandíbula, pertenecientes a Horno sapiens
neandertalensis.
Los caracteres del fémur, así como el examen radiográfico
y tomográfico, hacen pensar que pudiera haber pertenecido a un varón
adulto próximo a la madurez. Esta pieza presenta una característica
especial: antes de haber sido abandonada sobre el suelo de la cueva,
fue fracturada intencionadamente sobre la diáfisis femoral; esta misma
característica se ha observado sobre numerosos huesos largos de animales
localizados en el yacimiento. Muy probablemente haya que relacionar
este tipo de fractura con la necesidad de extraer la médula.

La mandíbula, perteneciente a un varón que no habría
sobrepasado los treinta años de edad, se desenterró con la sínfisis
rota a causa de una antigua fractura producida probablemente por la
presión de los sedimentos. Salvo una antigua pérdida de sustancia ósea
que afecta a la apófisis coronoide derecha, así como el cóndilo izquierdo
que ha sufrido una ligera mutilación, la mandíbula está completa y su
estado de preservación es excepcional. Conserva in situ toda la dentición,
excepto tres piezas que han caído post morten.
El "hombre de Zafarraya" pertenece al mismo
tipo de hombre que ya en el 1848 fuera descubierto en la Cueva de Forber
Quarry (Gibraltar) y que posteriormente y hasta nuestros días ha visto
multiplicarse los hallazgos del mismo, fundamentalmente en Europa y
Asia.
Los hombres de Neandertal han pasado por diversas vicisitudes
que lo han supuesto desde una rama aberrante en la historia de la humanidad
(M. Boule) hasta la consideración actual de subespecie dentro de nuestra
propia especie.
El "hombre de Zafarraya" desarrolló sus actividades
en tres espacios diferentes. El primero de ellos vendría a estar ocupado
por lo que actualmente se denomina Axarqula, con un relieve laberíntico,
formado por amplios barrancos y pronunciadas pendientes. El segundo
corresponde a los macizos subbéticos que, por su vigoroso relieve (Sierra
de Alhama y Sierra Tejeda con su cumbre, el Maroma, de 2065 metros de
altitud), actúa de barrera infranqueable entre la Axarquía y el interior.
Por último, y a unos 900 metros de altitud y a escasos centenares de
metros de la cueva, se localiza el polje de Zafarraya, un amplio llano
donde no se observan desniveles apreciables a lo largo de sus treinta
kilómetros cuadrados. Esta variedad espacial genera una diferenciación
de biotopos que enriquecerá el medio en que se desenvuelve este hombre.

Eran hábiles talladores de la piedra obteniendo su utillaje
casi exclusivamente de nódulos de sílex, materia muy abundante en la
zona. Por medio de la percusión sobre los núcleos, obtenían lascas sobre
las que realizaban sus útiles, en este caso compuestos de raederas,
puntas, denticulados, muescas, cuchillos y otros, que vienen a de finir
un Musteriense típico.
En toda sociedad depredadora, una de las actividades
fundamentales es la caza. En Zafarraya, a través de los restos paleontológicos
podemos deducir el tipo de caza desarrollada por este hombre y el carácter
de estacionalidad del hábitat. Entre las especies detectadas en el yacimiento,
encontramos la Capra pyrenaica, cuyo hábitat natural está centrado en
las altas sierras que rodeanel entorno del yacimiento. Caballos, bóvidos,
corzos y ciervos habitarían en las zonas boscosas del polje, mientras
que 0505, jabalíes y lobos compartirían el hábitat del polje y las zonas
de la Axarquía.
El animal mejor documentado en el yacimiento es la cabra,
que representa el 85 por ciento de los restos faunísticos; de ellos,
las dos terceras partes son de animales cuyas edades oscilan entre los
tres y los seis meses. Si tenemos en cuenta que las cabras se aíslan
para parir las primeras semanas de abril y que las crías han nacido
en mayo, se puede calcular que el hombre cazó en la zona desde finales
de junio a noviembre.

La primera conclusión a la que podemos llegar es que
los grupos de neandertales que habitaron Zafarraya tenían una caza especializada,
concretándose en animales muy jóvenes de cápridos, lo que supondría
una utilización de la cueva como hábitat estacional: acudirían a ella
en primavera, para abandonarla a principios del otoño, que coincide
con una mayor dureza climática.
Entre las poblaciones neandertales que habitaron en
Europa y Asia, se ha puesto en evidencia toda una serie de manifestaciones
que nos hablan de un pensamiento elevado. La Cueva del Boquete de Zafarraya
ha proporcionado una nueva prueba de los rituales -utilizados por los
neandertales, siendo la primera vez que se obtienen datos de -este tipo
en la Península Ibérica. Así, la mandíbula se depositó en una fosa excavada
en el mismo suelo de ocupa-ción y rodeada de un círculo de piedras,
cubriéndose posteriormente, por -un pequeño túmulo compuesto de piedras,
restos óseos e industriales, que nos hablan de un ritual de enterra,miento
ampliamente documentado entre las poblaciones neandertales de Euroasia
(Chapelle-Aux-Saints, Le Moustier, La Ferrassie, Monte Circeo, Shanidar
IV y otros). Por otro lado, la fractura intencional que presenta el
fémur , nos podría sugerir un ritual relacionado -con la antropofagia
de estos pueblo- primitivos, lo mismo que sucede en lo yacimientos de
Hortus y Kaprina.
Los estudios efectuados sobre los restos de micropaleontologla
nos han permitido determinar la existencia en el yacimiento de Microtus
cf. brecciencis, Microtus arvalis, Pytymys duodecimcostatus, Apodemus
aff. flavicollis y Eliomys quercinus aff. lusitanicus. La correlación
que hemos podido establecer entre esta secuencia faunística y la que
proporciona el yacimiento del Pleistoceno Superior de Carigúela, si
tuado igualmente en el sur de la Península Ibérica, nos permite enmarcar
cronológicamente el yacimiento de Zafarraya dentro de un Würm III, en
una fase climática caracterizada por una temperatura relativamente templada
y húmeda. Si esta datación de carácter relativo se viene a confirmar
por otras técnicas de datación, estaríamos en presencia de las últimas
poblaciones de Neandertales que habitaron en nuestro planeta. Este hecho
que, en principio, puede parecer que cae fuera del contexto cronológico
asignado hasta ahora a los Neandertales, corrobora la existencia en
todo el litoral mediterráneo español de una larga perduración de las
culturas musterienses, así como la tardía presencia de los primeros
hombres modernos.
Las culturas del Perigordiense inferior o Chatelperroniense
parecen constituir la transición del Paleolítico Medio al Paleolítico
Superior, si no en toda la Península Ibérica, sí al menos en una parte
de ella, circunscrita al área cantábrica. Sabemos que, durante los períodos
fríos del Wúrm III, la región cantábrica recibió el influjo de las corrientes
culturales procedentes del Perigord francés. No conocemos todavía el
proceso de sustitución del Musteriense por el Chatelperroniense; en
el sudeste francés, parece quedar demostrado que esta última cultura
es el re sultado de una evolución local del Paleolítico Medio al Paleolítico
Superior, cambios que operarían los propios neandertales. La región
mediterránea peninsular se aleja de la cantábrica: en aquélla, apenas
si está esbozado el Chatelperroniense, localizándose en Cataluña como
zona de contacto entre el sudeste de Francia y el noreste de la Península
Ibérica.
Será con la presencia del Auriñacien se cuando asistamos
a la llegada de hombres modernos a la Península Ibérica. Lo mismo que
ocurría con el período anterior, la región más sensible a las nuevas
corrientes, y donde mayor presión ejercerán las nuevas poblaciones,
será la cantábrica. En el sudeste de Francia ese episodio acontece hacia
el 34.000; en la Península Ibérica, se produce unos miles de años más
tarde. Durante este período se sustituirán probablemente los últimos
grupos neandertales del sur de España (último lugar colonizado por los
nuevos hombres), que continuaban con sus propias tradiciones culturales,
al margen de lo que estaba ocurriendo en el resto del continente.
(Cecilio Barroso~ y Francisca Medina.)
Revista Investigacion y Ciencia, Nº 153 junio 1989,