Nuestra península fue durante las distintas etapas prehistóricas
lugar en el que las representaciones artísticas alcanzaron un
gran desarrollo dentro de una mayor variedad de formas, relacionadas
con las diversas creencias religiosas, cuyos rasgos esenciales trataban
de reproducir. El arte fue el vehículo que permitió transformar
la creencia en imagen, de ahí el gran interés por el estudio
e investigación del arte rupestre, que en nuestra península
alcanzó un gran desarrollo durante el transcurso de sucesivas
etapas de nuestra Prehistoria.
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Con el Paleolítico Superior hacen acto de presencia
dos de los elementos básicos de toda la religión: el templo
y la imagen, que para dicha gran etapa fueron la cueva, habitada o no,
y las figuras grabadas o pintadas en las paredes de las mismas, y por
primera vez se hacen patentes los restos de una religión de la
que no conocen más que una serie de imágenes, representadas
de modo realista o abstracto, mediante las cuales se ha de intentar
recuperar, en lo posible, el sentido y significación de unas
creencias con sus mitos, ritos, símbolos y entes míticos
o divinos.
La temática de las representaciones paleolíticas se basa
esencialmente en el animal, como se aprecia en la gran cantidad de sus
representaciones en las cuevas-santuarios. El tema humano, el llamado
antropomorfo, aparece en unos pocos yacimientos, bien representado con
rasgos de animales (Altamira, Candamo, Hornos de la Peña, etc.),
bien por alguno de sus miembros (vulvas de Tito Bustillo, manos de Castillo
y de Maltravieso, etc.). Un tercer tema, el ideo-modo o elemento simbólico,
parece en muchos casos y santuarios representar blasones o emblemas
de grupos humanos, también calificados como marcadores étnicos.
La gran mayoría de representaciones de animales y el que algunos
antropomorfos aparezcan revestidos de atributos de animales, induce
a pensar que los paleolíticos crearon unas formas religiosas
propias de una zoolatría claramente incardinada en las estructuras
sociales y económicas de aquellos pueblos, para quienes la caza
fue elemento básico en su vida.
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Dentro de estas representaciones rupestres paleolíticas aparecen
rasgos de una posible dendrolatría de los arboriformes de Pindal
y de Castillo, así como posibles mitografías, como la
referente al viejo mito cosmogónico relacionado con el agua
(Los
Casares), o la escena ritual de una hierogamia frente al animal sagrado
(Los Casares), lo que supone la existencia de ritos y mitos que ampliaron
las simples expresiones zoolátricas de los primeros tiempos.
Durante el Epipaleolítico, por causas desconocidas, desaparece
la cueva-santuario y con ella las representaciones rupestres basadas
en una zoolatría. Sólo quedan escasas obras de arte
mueble con restos de una forma religiosa anicónica y abstracta.
Con el Neolítico adviene una nueva religión de raíces
minorasiáticas y centrada en la figura femenina, re presentada
como "dea mater' en el abrigo rupestre del Plá de Petracos
V (Alicante), en dónde tiene origen el santuario rupestre al
aire libre, en cuyos abrigos de la misma época aparecen extraños
elementos simbólicos de tipo serpentiforme que terminan en
un maniforme, que sin duda respondían a las nuevas orientaciones
sociales y económicas impuestas por la agricultura y la ganadería.
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El arte rupestre del Calcolítico, que perdura en ciertas zonas
de la península hasta la Edad del Hierro, utiliza el santuario
rupestre al aire libre, que adopta dos versiones. Una, que continúa
la tradición neolítica de las figuras pintadas en rojo,
dispuestas en abrigos rocosos, que ocupa,
principalmente, las áreas andaluza y levantina, aunque también
se extiende por otras zonas peninsulares. La otra, caracterizada por
los santuarios "horizontales" de figuras grabadas o piqueteadas
sobre suelos de rocas cristalinas, que se encuentran situados en tierras
de Portugal y Galicia. En los primeros aparecen dos tendencias, la de
la pintura esquemática orientada a las formas lineales y caligráficas
no realistas y la pintura levantina con figuras realistas, aunque estilizadas,
a la tinta plana. Tanto en unas, como en otras, domina la figura humana,
antropocentrismo que tiende a integrarse en escenas de tipo religioso,
aunque no faltan las profanas, relacionadas principalmente con la caza,
la guerra y las actividades agrícolas y ganaderas. En ambas áreas
domina una divinidad femenina, que en el área andaluza aparece
bajo formas idólicas (bitriangulares, cruciformes, oculados,
etc.), que alcanzan su máxima expresión en la escena de
las danzarinas bitriangulares de Los Organos (Despeñaperros),
y aparece también un tipo fálico, probable divinidad masculina,
sin que falten representaciones de la pareja humana. La pintura levantina
también ofrece una religiosidad basada en una "dea mater",
relacionada con tareas agrícolas (Dos Aguas), además de
un culto al toro y al ciervo.
En el arte rupestre de las figuras grabadas en los santuarios
"horizontales", las dos áreas señaladas presentan
afinidades y notables diferencias, ya que mientras en el área
portuguesa del Valle del Tajo se observa un simbolismo basado en la
línea curva cerrada (círculos, elipsoides, etc.), en los
petroglifos del área galaico-portuguesa triunfa la espiral y
el laberinto, siendo escasas las representaciones humanas y de animales,
lo que señala una orientación religiosa más enraizada
en los aspectos simbólicos. Un último santuario, el de
Peña Tú (Asturias), en el que se reúnen las tendencias
pictóricas y grabadas, ofrece una divinidad femenina, que debió
de perdurar largo tiempo en el área cantábrica.
Estos son, a grandes rasgos, los sucesivos cambios y orientaciones de
la religiosidad prehistórica peninsular observada a través
de las distintas fases del arte rupestre, que necesariamente ha de ser
completada con las aportaciones del arte mueble y que seguramente modificaran
nuevos descubrimientos y nuevas investigaciones.
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