LOS AUSTROLOPITECOS

          Los Australopitecus eran un grupo variado de homínidos de amplia distribución, que empezaron a extenderse en Africa hace unos cinco millones de años. El rápido retroceso de los bosques les abrió nuevos nichos y se convirtieron en parte importante de la biomasa de los primates; ocupando en forma exclusiva el peldaño superior de la escala de la evolución. Como todas las otras especies generalizadas en el tronco principal de la evolución, algunos empezaron a especializarse y llenar otros nichos. El Australopitecus robustus, también conocido como Parantropo, se convirtió en un vegetariano de cuerpo relativamente grande, que empezó a ocupar el nicho que habían dejado los grande póngidos. Sus muelas posteriores, grandes y planas, indican que pueden haber abandonado la cacería para concentrarse en una dieta exclusivamente vegetariana. Se extinguió hace un millón de años. El fósil más antiguo del género homo (Homo habilis)parece tener unos dos y medio millones de años. El cráneo más reciente de Homo habilis es de hace 1.8 millones de años (hasta 1988). Por tanto, el género Homo coexistió en Africa con los Australopitecinos tardíos más especializados durante por lo menos 1.4 millones de años.

RECONSTRUCCION DE LOS CRANEOS  DEL NIÑO TAUG, Y EL HOMBRE DE MAKAPANSGAAT (AUTROLOPITHECUS AFRICANUS)

Es evidente que muchos de los primitivos Australopitecus se especializaron en lo que ahora sabemos fueron líneas extintas del desarrollo homínido. La principal forma de especialización de los hominoides parece haber sido el convertirse en vegetarianos estrictos. Aquellos que escogieron esta especialización se hicieron muy grandes, como el gorila actual y el extinto hominoide gigante Gigantopiteco. En parte, la razón para el aumento de tamaño fue la necesidad de tener intestinos extra largos para extraer la mayor alimentación posible de la vegetación menos nutritiva, la cual debía ser consumida en grandes cantidades. Los gorilas, por ejemplo, pasan un término medio de ocho horas al día sólo comiendo. Hay alguna evidencia de que los homínidos gigantes (Megantropo y sus sucesores) que vivieron en el sudeste de Asia hasta hace relativamente poco tiempo, también se convirtieron en estrictos vegetarianos.

AUSTROLOPITECUS AFERENSIS
AUTROLOPITECUS AFERENSIS

 

Por lo tanto, la dirección en la evolución de los Australopitecus fue hacia un cazador o carroñero omnívoro altamente generalizado. Mientras los Australopitecinos llenaban los nichos evolutivos de los cazadores omnívoros que usaban herramientas dentro del ambiente en expansión de las savanas de pastizales, pudieron mantener su estructura social en pequeñas unidades familiares con un macho adulto. Al mismo tiempo, la competencia de otros predadores ejerció un máximo de presión evolutiva para aumentar la complejidad cerebral, a fin de desarrollar mejores habilidades para cazar, primordialmente al desarrollar y utilizar más eficazmente herramientas cada vez más complejas. El Australopitecus evolucionó hacia un predador de cerebro grande, muy apto para cazar solo. Durante este período se desarrollaron la domesticación del fuego, los utensilios de piedra tallada y las lanzas primitivas, las cuales eran palos afilados con piedras endurecidos al fuego.

              Las lanzas con puntas de piedra fueron una invención muy posterior. Esto permitió al cazador solitario defenderse contra los predadores y capturar animales relativamente grandes, tales como ciervos. Sin embargo, una gran parte de la biomasa de los animales de caza estaba formada por grandes herbívoros tales como elefantes, bisontes, rinocerontes, etc., que estaban más allá de la capacidad de un cazador solitario y también de la mayoría de los grandes predadores. Aún un potente predador, como un tigre, no puede matar a un elefante adulto y sano. A medida que la caza pequeña y mediana fue consumida por los Australopitecus y otros predadores, los animales grandes proliferaron. La selección natural favoreció entonces el tipo de mutaciones que llevaría a la formación de grupos de homínidos más grandes en un nuevo tipo de organización social.

AUTROLOPITECUS ROBUSTUS

Los primitivos Australopitecus trasmitieron a los jóvenes sus habilidades para cazar y hacer herramientas mediante el ejemplo. La conducta imitativa es una característica de los hominoides en general y de los homínidos en particular. Aquellos Australopitecus que tenían el mejor cerebro se convirtieron en los mejores cazadores en virtud de haber aprendido la habilidad necesaria y en raros casos inventaron nuevas habilidades. Los mejores cazadores también atraían y alimentaban a un mayor número de hembras, por lo tanto, produjeron un mayor número de hijos. Esto proporcionó la selección natural básica para el desarrollo del cerebro. Los jóvenes machos probablemente eran expulsados de la banda cuando empezaban a competir con sus padres por las hembras, o expulsaban al padre si éste se había debilitado mucho por la edad al empezar el conflicto. Por lo tanto, sólo los combatientes y cazadores más aptos se reproducían. La barba humana se desarrolló en esta época como medio de protección de la garganta de los machos durante su competencia. Este mismo patrón básico de relacionarse existe también entre los gorilas y los papiones; los adultos se comportan de manera tolerante y aún protectora hacia los machos inmaduros, pero se vuelven bastante menos tolerantes cuando éstos maduran.

               La selección natural funcionó en las hembras primordialmente por la habilidad de éstas para criar y cuidar a sus hijos y su voluntad de unirse a un macho protector. Por tanto, la selección natural trabajó en los centros emocionales del cerebro de los Australopitecinos para producir hembras sumisas y maternales atraídas por machos dominantes y agresivos que fueran protectores hacia las hembras y sus crías, aunque intolerantes hacia otros machos adultos. El desarrollo de la habilidad para construir máquinas no podía estar limitado a un solo sexo, ya que depende de las estructuras corticales. Unicamente los centros emocionales en lo profundo del cerebro, que son fuertemente influenciados por las hormonas sexuales durante el desarrollo embriológico, pudieron hacerse específicos con respecto al sexo. Por lo tanto, hembras igual que machos pudieron crear máquinas, si bien no necesariamente las mismas máquinas. El nicho que se abrió para los cazadores que pudieran unir sus recursos y capturar animales grandes, ejerció al mismo tiempo una presión evolutiva para que se dieran nuevos cambios emocionales en los machos. El cazar en grupo no fue una ventaja evolutiva para los primitivos Australopitecus puesto que aún no tenían las herramientas ni las habilidades necesarias para cazar animales grandes. La selección natural se basó en la habilidad individual de cada hembra y macho. Sin embargo, hace unos dos millones de años, y posiblemente antes, el cazar en grupos llegó a ser evolutivamente práctico debido a: (1) cambios en la ecología que los propios Australopitecos habían provocado al contribuir a la disminución de los animales pequeños y medianos, (2) la proliferación de animales de caza y predadores grandes, y (3) su propio incremento en cuanto a número y tecnología para cazar. A fin de realizar la cacería por grupos, los machos no sólo tenían que ser tolerantes entre sí, sino que tenían que cooperar activamente y compartir la caza entre ellos. La mutación que hizo esto posible fue una muy simple. Sólo era necesario que el adulto extendiera su actitud amistosa y protectora hacia sus hijos inmaduros y que los jóvenes no se sintieran atraídos sexualmente hacia las parejas de su padre o hacia sus hermanas. Entre los póngidos ocurre un cierto tipo de esta programación emocional, que se ha observado como no incestuoso, al menos entre madre e hijos. Algunos experimentos realizados con niños humanos indican que aquellos que son educados en una misma familia, independientemente de su relación de sangre, no se sienten fuertemente atraídos sexualmente. La programación emocional contra el incesto tiene un claro valor evolutivo, dado que minimiza la posibilidad de combinar genes perjudiciales y maximiza la variabilidad genética. Por tanto, no fue necesario que los machos adultos expulsaran a sus hijos machos para formar un patrón exogámico de apareamiento en las sociedades homínidas primitivas y preverbales. Notamos que el apareamiento exogámico maximiza la variabilidad de cualquier especie y disminuye la posibilidad de que se combinen genes perjudiciales; es decir, aumenta la tasa de evolución, tal como lo hace la reproducción sexual. La mutación emocional que hizo a los machos adultos tolerantes y protectores hacia sus hijos adultos, probablemente también los hizo menos agresivos hacia otros machos, pero no necesariamente más tolerantes. Por tanto, la cacería en grupo comenzó probablemente como una empresa familiar donde el macho dominante y sus hijos mayores cooperaban para cazar. Esto abrió un nuevo nicho ecológico para los homínidos, dado que ahora virtualmente todos los animales estaban a su merced. Los fósiles indican que los homínidos de hace 300,000 años ya estaban matando y consumiendo gran número de elefantes y rinocerontes. Esto necesitaba de la cooperación de muchos machos adultos. La cacería de grupo temprana casi seguramente estuvo limitada a animales más pequeños. A medida que se desarrolló la cacería grupal, la necesidad de exogamia y cooperación de grupos haría que diferentes familias se juntaran, aunque fuera por períodos breves, por la simple razón de intercambiar parejas. Este tipo de estructura social existe actualmente entre los aborígenes australianos. Cuando se suscitaba la ocasión apropiada, ocurría una cacería grupal en la cual cooperaban dos familias. Las familias estaban estrechamente vinculadas mediante sus apareamientos y semejaban un clan. Eventualmente, varias familias que trabajaban juntas vieron que podían capturar animales más grandes, entonces se unieron grupos de familias de hasta dos docenas de individuos, integrando una formación de caza muy unida. Algunos indios norteamericanos tenían este tipo de estructura social. Pero los homínidos que practicaron este tipo de cacería grupal en gran escala no fueron los Australopitecinos, sino nuestros antepasados inmediatos, pertenecientes al género Homo.